Si existe un ser tan puro e inocente en este planeta, esa es Nina, mi hija. Con sus dulces ojos caramelo contempla cada nuevo díaa la vida, al mirarlos se ve lo transparente de su alma, la fidelidad incondicional, la obediencia sin rastro de duda. Sus orejas colgantes a modo de chullo, cubren su sentido finí­simo del oí­do. Atentos siempre al mi llamado o alguna orden, es ahí­ donde su mirada cambia y presta atención al sonido, ya que si bien no habla el idioma humano, lo entiende y comprende a la perfección. El chuño marrón en la punta del hocico presenta su olfato, que le permite reconocer los olores familiares y a sus seres queridos, medita y rastrea hasta llegar a su objetivo, casi al 100% de exactitud. Sus curtidas patas han caminado ya más de dos años enteros hacia el trabajo, cada dí­a, llueve, truene o relampaguee, Nina y yo nos dirigimos al trabajo, a veces llegamos muy mojadas por la lluvia, a veces agotadas por el sol, siempre juntas una a la otra. Esas patitas le llevan al encuentro de su familia, amigos y lugar de descanzo, diligentes alcanzan sus juguetes y sujetan la comida. El pelo chocolate le cubre y abriga en noches frí­as, cuando a veces es necesario cubrirse con algo más, en el dí­a si en caso hay sol, le da la apariencia de un corcel pura sangre por el brillo que destella en el lomo, los bucles cubren la cabeza cada cierto tiempo, así­ como las piernas y las colgantes orejas. Es más escazo en la pancita, donde la piel blanca es suave e invita a masajes relajantes luego de un buen dí­a de trabajo o juego. La escaza cola se mueve alegre como un péndulo extrañamente veloz al oir su nombre o el llamado de la familia, al correr tras la pelota, al oler unos buenos huesos, al ver llegar a seres largamente extrañados durante todo el año o el mes. Llegó a nuestras vidas un 24 de diciembre, el dí­a más feliz del año y permanece junto a mi desde ese entonces, espero nunca desepcionarla y poder darle una vida digna como se merece. Cuando deba verla irse, se que no me alcanzarán las lágrimas para llorarla, se que no me bastará haberle dado todo cuanto podí­a, se que sabré que debí­ dar más, y es que así­ es sentir alejarse de un Angel que vino hacia mi solamente por un tiempo, para ensenarme a ver la vida de distinta manera, para mostrarme cuan hermosos son los momentos más simples, para hacerme sentir necesitada y querida incondicionalmente por alguien que siempre me perdonará aún antes de haberla ofendido. Dios nos permitió dar asilo a los animales para contemplar la belleza de la inocencia y darnos una oportunidad de hacer el bien cuidando a uno de sus Ángeles hasta que Él los vuelva a llamar a su lado. Nina, te quiero mucho y a veces siento que no te merezco. Espero me sepas comprender algunas desiciones y algunas llamadas de atención no justificadas, si bien en tu mundo nada es tan complicado que no te permita coger tu pelota y lanzarla, la vida humana es un poco más difí­cil, aún así­, simpre me tendrás a tu lado tratando de merecer uno de los mejores regalos que pudo haberme dado Dios un dí­a antes de Navidad.